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Indice del artículo
Historia
30 Aniversario Ayuntamientos Democráticos
El poblamiento ibero-romano
La Edad Moderna
Vélez Blanco, capital del partido de los Vélez
Transformaciones sociales y económicas del siglo XVI
Los siglos XVII y XVIII
El siglo XIX
El siglo XX
Todas las páginas

 

Vélez Blanco, capital del partido de los Vélez

La aparición de los señoríos en el recién conquistado reino de Granada se debía a las deudas y los compromisos acumulados por los Reyes Católicos frente a los nobles que habían contribuido a la incorporación del reino nazarita a la Corona de Castilla y, posteriormente, para compensar a sus partidarios, como en el caso del condestable de Navarra, o por trueques forzados, como en los casos de Cádiz y Cartagena.



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El marquesado de los Vélez (Mapa elaborado por F. Andújar Castillo)


En el año 1516, el 65,3 % de la superficie de la diócesis de Almería eran ya territorios de señorío. El marquesado de los Vélez era uno de los señoríos más extensos del reino de Granada y se mantuvo hasta la abolición del régimen feudal por los liberales en 1835. El “Libro Becerro de la Casa y Estados de los Excelentísimos Marqueses de los Vélez”, redactado en 1635 por el gobernador general de los estados el licenciado Bernardino del Castillo, recogía los derechos sobre los términos municipales y sus jurisdicciones, y los cargos que nombraba el marqués: alcaldes mayores (letrados en función de justicia mayor), dos alcaldes ordinarios, regidores, mayordomos de propios del concejo, depositario de los pósitos, escribanos del ayuntamiento, de las rentas y públicos, alguaciles mayor y menor, alcaldes de las aguas, procuradores, sobreguarda mayor de los montes del marquesado, caballeros de sierra (guardas forestales), guardas de la huertas y capitanes de las quintas. El marqués designaba también un administrador de las rentas en cada pueblo y un administrador general. Los propios concejos nombraban a los pregoneros, almotacenes y a los encargados de las tiendas de estancos de vino, aceite y vinagre. Después de la expulsión de los moriscos, los ayuntamientos se componían de un alcalde y regidores de “naturales” y un alcalde y regidores “de nuevos pobladores”, nombrados por el marqués eligiendo entre dos candidatos para cada cargo a propuesta del concejo abierto de la villa.


Estas rentas se componían de las tercias, es decir, del total dos terceras partes las recaudaba el marqués y el tercio restante la iglesia de Almería, aunque el asunto dio lugar a un largo pleito durante todo el siglo XVI. Además, el marqués cobraba los diezmos de pobladores, de nueve partes las dos que se llamaban “de novenos”. También se recaudaban las alcabalas, un impuesto de un diez por ciento, sobre la venta de inmuebles, productos agrícolas y otras mercancías. La concesión de mercedes de tierra para roturar generaba como ingreso adicional la trigésima parte de la cosecha. Otra fuente de ingresos para el marqués era el arrendamiento de los tres molinos, tres batanes, los hornos de pan, los hornos de vidrio y aguafuerte de María. Finalmente, de las multas y penas impuestas por la justicia, la casa marquesal cobraba una parte. Los moriscos estaban obligados a pagar un derecho adicional de paja y leña, intentando los agraviados eludir este gravamen.

El marqués no sólo cobraba el diezmo del ganado de sus vasallos, sino que percibía también derechos de herbaje del ganado de forasteros, una partida también interesante, dado que los rebaños podían alcanzar números entre 800 y 1.500 cabezas. El cobro por cualquier tipo de licencia suponían unos pingües ingresos para el señor territorial, cuya documentación se conserva en parte en el Archivo Ducal de Medina Sidonia, mientras que los archivos municipales de Vélez Blanco y Vélez Rubio perdieron la totalidad de sus fondos correspondientes al Antiguo Régimen.


La rivalidad entre los obispos de Almería y los marqueses de los Vélez en materias de recaudación y poder, especialmente con motivo de la financiación de la construcción de las nuevas iglesias y el reparto de los impuestos, provocaron una serie de larguísimos pleitos entre ambas instituciones que no terminarían hasta la firma de una concordia a principios del siglo XVII.


La escenificación del poder y el dominio del espacio público por parte de los marqueses se plasmaba en un ambicioso programa de construcciones. En Vélez Blanco se erigieron el castillo (1506 – 1515), las dos iglesias, varias casas y la cárcel, la casa de los alcaldes mayores, un horno, un tinte, las tercias (tazmías) y fuentes. En Vélez Rubio destacaban el mesón con tierras anexas y agua en propiedad, el honor del Fatín, una casa principal con otra accesoria, la tazmía con bodega con tinajas para 200 arrobas de vino, la venta del Chirivel, etc. El conde de Lerín había comenzado a construir una casa con su torre en la Alfahuara, bosque “con todo género de caza mayor y menor, y montes de encinares y pinares”, lo cual corroban los datos del Catastro de Ensenada (1752) contabilizando 80.000 pinos y 280.000 encinas en las 3.500 fanegas de esta dehesa. El marqués de los Vélez mandó ampliar la casa, la cual era atendida por un guarda y un montero. Muchos de estos edificios estaban adornadas con el escudo de los marqueses, lo quel contrastaba con la escasez de las armas de otras familias. En María le pertenecían un horno y la tienda del estanco de vino, aceite y jabón.


Dada la escasa concreción jurídica a principios del siglo XVI, para apoderarse de los bienes comunales de montes y baldíos, los primeros dos marqueses utilizaron toda clase de estrategias, desde la concesión de mercedes, pasando por pactos con parte de los vecinos, pleitos, amenazas, encarcelamiento e, incluso, el asesinato, para usurpar derechos de sus vasallos. El catastro de Ensenada permite apreciar la apropiación de estos baldíos: 6.900 fanegas con 4.000 encinas en la Sierra de María, lindando con la fuente del Peral; 2.500 fanegas con 3.000 pinos carrascos en la Fuente del Peral y Maimones; 2.000 fanegas con 1.500 pinos en Cofatría; 1.000 fanegas de pinos en el pago de la Solana; 300 fanegas en la umbría del Gabar con 2000 encinas; 1.730 fanegas en el pago de Río Claro con 2.180 pinos; en Alcadive 400 fanegas pobladas de pinos; 1.490 fanegas con 20.300 pinos en Alcoluche; 1.806 fanegas con 33.000 pinos y 4.200 encinas en Taibena; 1.775 fanegas en Derde; 300 fanegas incultas en el Piar, 280 fanegas pobladas de pinos en las Juntas; 500 fanegas incultas y 160 fanegas de pinos en el pago del Barranco y Pozo de Zarza; 1.040 fanegas con 3.300 pinos y 2.030 encinas en el Charcón; 170 fanegas con 5.000 pinos en Las Almohallas; 130 fanegas con 1.200 pinos en Barrionnuevo, 100 fanegas con 4.400 pinos en el Alcaide; etcétera. Los vecinos e incluso los concejos velezanos tenían que solicitar licencia a la casa marquesal para aprovechar los recursos madereros de los montes, especificando el uso de los mismos. Una vez emitido el correspondiente informe del sobreguarda mayor de los montes, en la licencia expedida por el gobernador se solía indicar las condiciones y el lugar idóneo para ello, tales como"no se han de cortar en la dehesa de la Alfahuara, umbría del Maymon, ni fuente del Peral, ni en quinientos pasos de cualquier agua corriente, estante o remaniente, ni en distancia de mil pasos de cualquier camino Real, ni en majadas, ni en abrevaderos de ganado" (1695).

Desde finales del siglo XVI se intensifica el seguimiento del estado de los montes mediante informes, emitidos por los sobreguardas y alcaldes mayores, los cuales ejercían desde el siglo XVIII la función de Subdelegado de Montes del Partido. Por ellos se sabía el considerable gasto de leña que ocasionaron los hornos de vidrio, de aguafuerte y de pan, carboneras, caleras o simplemente con fines domésticos; las intromisiones ilegales de vecinos o forasteros para venderla en otro lugar; el lento pero continuo desgaste que producían los ganados, para los cuales se cortaban muchas ramas, y las talas y cortes "desordenados" que impedían su reproducción posterior.

Esta situación llevó a los señores territoriales a ejercer un control riguroso de los montes, dictando una normativa específica, las ordenanzas. El 15 de abril de 1541 el marqués de los Vélez, “como por experiencia se ha visto, a causa de la mucha desorden que en los montes, encinares y pinares de esas mis villas ha habido, los dichos montes se han destruido de tal manera que casi no quedan para hacer madera para las casas de los vecinos de los vecinos de esas dichas mis villas, ni para otras cosas necesarias a los labradores y vecinos [...] y porque los dichos montes no se acaben totalmente de destruir y perder y [...] los montes y pinares de las dichas mis villas se conserven y no se destruyan” promulgó para los términos de Vélez Blanco y Vélez Rubio unas ordenanzas determinando lo que se podía cortar de troncos y ramas y en qué manera. Por otro lado, los señores territoriales adehesaban también terreno para sus intereses cinegéticos ordenando estos espacios mediante ordenanzas con severas penas para los infractores de las mismas. En el contexto de la conflictividad generada por la repoblación después de la expulsión de los moriscos se enmarca la promulgación de las Ordenanzas de Vélez Blanco de aguas, huertas, colmenares, mantenimientos, molinos y molineros, de diez de marzo y 26 de abril de 1591, y las Ordenanzas de la Alfahuara. Estas ordenanzas se diferencian de las anteriores a 1570 por ser propuestas por los concejos de las villas y aprobadas por el Consejo de Castilla