Inicio Ocio y Cultura Historia
Historia
PDF Imprimir E-mail
Indice del artículo
Historia
30 Aniversario Ayuntamientos Democráticos
El poblamiento ibero-romano
La Edad Moderna
Vélez Blanco, capital del partido de los Vélez
Transformaciones sociales y económicas del siglo XVI
Los siglos XVII y XVIII
El siglo XIX
El siglo XX
Todas las páginas

 

La Edad Moderna


Siglos XV y XVI: cristianos, mudéjares y moriscos

El 17 de junio de 1488, cuatro años antes de la entrega de Granada a los ejércitos de los Reyes Católicos, los hermanos Alí y Mohamed Abduladín entregaron una amplia zona nororiental del reino nazarí, en las actuales provincias de Granada (Castilleja, Huéscar, Galera y Orce), y Almería (los Vélez, el valle del Almanzora), a cambio de mantener elevados cargos (alguacil mayor y alcaide mayor), percibir cuantiosas rentas y, para la población mudéjar en general, unas favorables condiciones de sometimiento reguladas por las Capitulaciones, manteniendo su religión, el régimen fiscal nazarí, organización concejil, resolver los pleitos civiles entre mudéjares según la tradición islámica (con los cadíes, alguaciles y alfaquíes), y los usos y las costumbres en general. Los Reyes Católicos se obligaron a que los dos Vélez permanecieran siempre realengas, es decir, bajo dominio de los reyes de Castilla, representados por su corregidor en Vera, Garcilaso de la Vega, y el alcalde de las fortalezas de los dos Vélez y Vera, Juan Ponte. No obstante, las vulneraciones de los derechos de los mudéjares provocaron en varias intervenciones del poder regio en los Vélez. La plaza fuerte de Vélez Blanco se quedaba encargada de la viglancia de toda la zona.

Siendo tierra de frontera durante dos siglos y medio supone una escasa densidad de población en las tierras velezanas. Progresivamente se produce un fenómeno de inmigración; primero, más tímidamente, en la época cuando la zona anteriormente esbozada pasa de realengo a señorío, según el tratado de Madrid, de 4 de marzo de 1495, compensando al exiliado conde de Lerín, don Luis de Beaumont, por la pérdida temporal de sus dominios navarros, efectuando el traslado acompañado de numerosos paisanos a su servicio. El 25 de julio de 1501 los Vélez y Cuevas vuelven a ser realengos hasta el 24 de julio de 1503, cuando los Reyes Católicos obligan a don Pedro Fajardo a renunciar a Cartagena compensándole con territorios correspondientes a la actual comarca de los Vélez, Taberno, Cuevas de Almanzora y Portilla. A estos lugares unió la herencia de su padre, don Juan Chacón, Oria, Albox y Arboleas en la zona del río Almanzora, y Albanchez y Benitagla en los Filabres. El propio Marqués compró en 1501 Cantoria y Partaloa.

Después de la sublevación mudéjar de 1499/1500, la única vía de conservar la residencia para los musulmanes del reino de Granada sería el bautismo. Para ello, los vecinos musulmanes de Vélez Blanco dieron su poder al alguacil Hamete Aduladín, y los de Vélez Rubio a su alguacil Mohamed ben Farax, para negociar y firmar las respectivas capitulaciones, lo que se efectuó el 26 de febrero de 1501 con textos idénticos para ambas villas y coinciden en su mayor parte con capitulaciones de otras muchas poblaciones.

Una vez establecido el señorío, el deseo de determinar el área de influencia de la jurisdicción, administración fiscal y derechos ganaderos conlleva una larga serie de litigios y pleitos sobre los límites de los términos municipales con prácicamente todos los municipios colindantes, tales como Lorca, Huéscar, Orce y Galera. Estos conflictos también se produjeron en el ámbito eclesiástico referente a la pertenencia de los Vélez al obispado de Almería o el de Cartagena, basándose en un privilegio del papa Inocencio VIII al rey Sancho IV, de 4 de octubre de 1293.

El 12 de septiembre de 1507 doña Juana, reina de Castilla, le concedió el título de “marqués de Vélez el Blanco” a don Pedro Fajardo, el cual había comenzado ya con un ambicioso programa arquitectónico y económico. Una parte de las medidas para activar antiguo territorio fronterizo era la repoblación, iniciada en 1512, concediendo franquezas de ciertos impuestos, como la alcabala, e incentivos, como solares para edificar casas y tierras para plantar viñas. En un privilegio de 29 de marzo de 1526 don Pedro Fajardo confirma las franquicias de los nuevos pobladores, con la salvedad de que no procedieran de sus demás posesiones murcianas y granadinas para evitar perjuicios a la hacienda marquesal. Las recientes investigaciones demográficas presentan una gran oscilación de cifras que se debe a la movilidad de los habitantes en esta época, causada por la emigración de muchos mudéjares y la repoblación por residentes de otras zonas. A esta característica se juntan factores adversos, como las epidemias de peste (1507/1508, 1521/22), los terremotos, inundaciones, sequías, granizadas y las correspondientes malas cosechas. Evidentemente, conocer la evolución demográfica, el sistema productivo y la organización social permite evaluar con más precisión la transformación del medio ambiente.


castillo


Alzado del castillo de Vélez Blanco (Archivo Ducal de Medina Sidonia)

En el caso de Vélez Blanco y María, entre 1512 y 1531 se afincaron 120 cabezas de familia, es decir, unos 500 – 600 cristianos viejos, la mayoría procedentes de zonas colindantes del reino de Murcia, otros oriundos del ducado de Medinaceli (Aragón) y ciertos refugiados de las rebeliones que, con apoyo del marqués de los Vélez, se produjeron entre 1515 y 1520 en Huéscar contra el duque de Alba, desde 1513 nuevo señor de esa ciudad y su comarca. Debido a la desarrollo económico, también a causa de la instalación de una corte marquesal con un centenar de integrantes y familiares, la comarca de los Vélez era un foco de atracción para agricultores, artesanos y mercaderes. Una orden de 16 de diciembre de 1560 obligaba a empadronarse a los cristianos viejos que venían a avecindarse en Vélez Blanco. En 1568 vivían en Vélez Blanco y María unos 600 cabezas de familia (400 moriscos y 200 cristianos viejos. Este aumento de población no sólo repercutía en el asentamiento de vecinos fuera de la Morería amurallada de Vélez Blanco, créandose el arrabal de los Cinco Caños, la calle de las Tiendas y la placeta del mesón, el barrio que más tarde se llamaría de San Francisco, las calles Palacio, Corredera, el arrabal del cerro de San Agustín (hoy, calle Teatro), calles de Enmedio y de Abajo

La sociedad que se iba a formar durante la primera parte del siglo XVI, compuesta por cristianos viejos y moriscos, se diferenciaba en por oligarquías, grandes propietarios de fincas y señores de ganado, labradores y pequeños agricultores, artesanos, tenderos y mercaderes (a la vez, prestamistas), jornaleros, criados, extranjeros y grupos marginados, como los gitanos y esclavos. La existencia, hasta 1579, de la corte marquesal con numerosos miembros de la familia Fajardo y personal a su servicio, supuso un importante foco de atracción para artesanos y mercaderes.

Una mención aparte merece el clero secular y, a partir de principios del siglo XVII, regular (franciscanos), cuya condición y legislación convertía a sus integrantes en un estado dentro del estado, con su propia jurisdicción y administración fiscal. Con la conversión general de los mudéjares en 1501, no sólo se consagraron las mezquitas en iglesias, sino la afluencia de pobladores cristianoviejos hizo preciso la creación de iglesias más grandes, como en el caso de la Magdalena y, poco más tarde, de la iglesia de Santiago y de las ermitas de San Lázaro y San Agustín, en Vélez Blanco. En Topares Ginés Hernández fundó la ermita de la Virgen de las Nieves. El 26 de mayo de 1505 se erigen y dotan las parroquias de la diócesis de Almería, asignando a Vélez Blanco cinco beneficios y una sacristía. Las iglesias no sólo eran lugares de concurrencia de todos los vecinos para, sobre todo, los actos religiosos y acontecimientos civiles (reparto de haciedas de población, 1574), sino la instalación de capillas funerarias para las familias poderosas reportaba un aumento de su prestigio, es decir, de su capital simbólico. En caso de los hijos del segundo marqués, mandaron construir y adornar la ermita de la Concepción como lugar de memoria para el mayorazgo de esta rama familiar.

Numerosos descendientes de familias velezanas formaban parte de la comunidad eclesiástica, consiguiendo una suficiente dotación económica gracias a la fundación de capellanías que suponían la prohibición de enajenación de extensas fincas y casas. La Iglesia incorporó numerosos bienes habices de las extintas mezquitas y fundaciones pías (habous) en su patrimonio, cobrando también intereses de censos por pías memorias perpetuas de misas, para cuya garantía los fundadores hipotecaban fincas y casas. Referente al control de los moriscos ejercido por la Inquisición, tenemos constancia de dos actuaciones de cierta envergadura: una a principios de la década de los cuarenta del siglo XVI y otra mayor en 1561


La fundación de dos conventos franciscanos, el de San Luis en Vélez Blanco (1602) y de la Inmaculada Concepción de Vélez Rubio (1689), dotó a la comarca de dos importantes núcleos de devoción y erudición, cuya repercusión se muestra también en las llamadas beatas, tales como Ana Rodríguez, María Hernández y Juana Pérez de Ruescas. Muchos vecinos de la comarca estipulaban en sus testamentos ser enterrados en el hábito franciscano, así que la fábrica de sayales instalada en Vélez Rubio no sólo suministraba las prendas necesarias a los propios frailes, sino atendía también los deseos de los fieles de la comarca.

La mayor transformación demográfica, económica y social del siglo XVI se produjo con la expulsión de los vecinos moriscos y el reparto de sus haciendas a los repobladores. A los 200 nuevos pobladores cabezas de familia llegados a María y, principalmente, Vélez Blanco se repartieron 1.829 fanegas de tierra de riego y 5.533,75 fanegas de secano. Las haciendas de población se componían de una casa en el núcleo de población, viñas, huertas, secano de mejor y peor calidad, por las cuales tenían que pagar un censo anual al fisco regio. Según los recursos del repoblador, y en algunos casos su cercanía a la casa marquesal, se entregaron entre una y cuatro haciendas de población. Aunque generalmente se respetaban las formas de cultivo anteriores, se generó un conflicto sobre la propiedad de los recursos hídricos de los que los vecinos originarios querían apropiarse en detrimento de los repobladores.